
El pegajoso destilado de amor escurre entre sus piernas. Ella se levanta primero, ya es hora. Sus pies tocan el frío suelo y casi al mismo tiempo las dulces notas del "Claire de Lune" de Debussy emergen triunfantes del viejo toca discos que perteneciera a su abuelo. Los crujidos y siseos de la empolvada aguja parecieran respetar y entregarse a la melodía del maestro. Ella se estremece, quizá por el frío suelo color café claro, quizá por la majestuosidad de las notas que flotan en el aire. Ella de pie, la gloria de sus cuarenta años se desliza por el lugar y en su sinuoso lenguaje invita a las más cordiales noches de licor y sábanas.

Él, con vigor recuperado, se levanta también. Impide que se vuelva a vestir. El asta bandera le da sus más altos honores. Todavía no es hora.
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