miércoles, 10 de febrero de 2010

CLAIRE DE LUNE

Los dos se abrazan. Hace frío. El sudor se desliza por la curvatura de sus espaldas. Él la mira a los ojos, desenredándole con los dedos los rizos de su cabello. Ella cierra los ojos y en sus párpados mil años de ternura juegan a las escondidas. Sus pies entrelazados, dándose el calor que las sabanas y cobijas no pueden. El atemorizante ruido de la calle que nunca pareciera suspenderse hace vibrar las ventanas. La luz del alumbrado público dibuja una silueta amorfa en la pared contraria.

La cueva

El pegajoso destilado de amor escurre entre sus piernas. Ella se levanta primero, ya es hora. Sus pies tocan el frío suelo y casi al mismo tiempo las dulces notas del "Claire de Lune" de Debussy emergen triunfantes del viejo toca discos que perteneciera a su abuelo. Los crujidos y siseos de la empolvada aguja parecieran respetar y entregarse a la melodía del maestro. Ella se estremece, quizá por el frío suelo color café claro, quizá por la majestuosidad de las notas que flotan en el aire. Ella de pie, la gloria de sus cuarenta años se desliza por el lugar y en su sinuoso lenguaje invita a las más cordiales noches de licor y sábanas.

Volcán

Él, con vigor recuperado, se levanta también. Impide que se vuelva a vestir. El asta bandera le da sus más altos honores. Todavía no es hora.

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